El poder del lenguaje: hegemonía, habitus y rupturismo en ‘La muerte y la doncella’

Resumen

Conceptos como la hegemonía, el poder y la autoridad han sido relacionados a menudo con el lenguaje y el ejercicio retórico en diversos campos como la educación, el trabajo y la política. Desde diversos puntos de vista, se ha puesto énfasis en la importancia de éste a la hora de analizar el comportamiento social y la construcción de sistemas gnoseológica y culturalmente complejos como la moral, la estética o la ideología. En esta ocasión, utilizaremos las nociones de habitus y hegemonía para acercar la obra La muerte y la doncella de Ariel Dorfman a un debate entre el realismo de la coyuntura, esto es, la transición chilena, y la evidencia de una ruptura discursiva –o la intención de ésta– del pensamiento predominante, del imaginario común.

Palabras clave: Habitus, hegemonía, universos de significados, discurso, realismo, ruptura, poder.

Introducción

Lo que hemos llamado realismo de la coyuntura se puede definir como el retrato que sugiere la obra teatral de Ariel Dorfman y, más adelante, el que señala el contexto en el que tiene lugar la acción y acerca del cual reflexiona el autor: la difícil transición de una dictadura militar (y más tarde cívico-militar) a una democracia de finales de siglo. Con esto se entiende lo que respecta a la coyuntura, la parte de realismo la aporta el hecho de que en la obra se ilustra al espectador acerca de los traumas y las contradicciones presentes en la realidad de una víctima de la violencia del régimen de Pinochet; acudimos a la enumeración de actitudes y estrategias de una mujer violada y torturada para emprender el reto de enfrentarse a su victimario. ¿Pero qué hay más allá de una simple venganza y una reivindicación por parte de la protagonista que emprende una batalla para conquistar cierta cuota de justicia? En materia lingüística, podemos dar cuenta de un evidente enfrentamiento, entre ésta y la autoridad de la “ideología transicional”, que pasa, cómo no, por desmantelar las herramientas tendientes a perpetuar el statu quo.

Realismo coyuntural, hegemonía y habitus

La realidad que subyace bajo la narración de Ariel Dorfman1 es la cuota cruel del advenimiento de la modernidad al ejercicio del poder. La dictadura chilena, al igual que muchas otras dictaduras relativamente contemporáneas, elevó las prácticas que tradicionalmente se relacionaron con comportamientos salvajes e inhumanos a etapas ineludibles de un proceso superior. Las torturas, asesinatos y desapariciones –entre muchas otras prácticas intimidatorias o represivas– pasaron a ser trámites de sencilla sofisticación y eficaz sistematización. El hecho de que los casos se hiciesen abrumadores tras la dictadura no delata sólo una realidad trágica sino además un desvelamiento de la atroz banalización2 de actos inhumanos que, durante su perpetración fueron considerados rutinarios o directamente falsos.

Para comprender esta banalización del mal (Arendt, 1963), hemos de analizar las dinámicas que conforman la estructura en la que residen dichos actos crueles. Zygmunt Bauman argumentaba en Modernidad y holocausto3 la naturaleza de esta trivialización en términos históricos-económicos. Las reminiscencias de la ilustración, potenciadas por la racionalización de la vida social, la actividad económica y la práctica política y expresadas desde la individualización hasta el corporativismo, pasando por la producción en masa y la especialización del trabajo o la maximización de los beneficios, entre las cuales se ven inmersos, ya no sólo los procesos de interacción avanzada, sino además la socialización, proveerán de artilugios suficientes a lo que Marx llamaría superestructura y que Bourdieu trabajaría en su teoría del habitus4, para restar lo que permanece de humano a través de la solidaridad mecánica5 y la empatía pre-moderna.

Es así como durante muchos años se cubrió la realidad con un velo de inverosimilitud y relativismo mediante el cual se justificaban, cuando no ocultaban, las salvajes prácticas de un régimen violento y opresor. Las estrategias utilizadas para sostener una mentira de ese tamaño constituían el esfuerzo de una clase poderosa no para que ésta pasase desapercibida, sino para conseguir la asunción de un orden de las cosas que, para la dictadura, conviene a la nación. En términos de Fernández Steinko6, la formación de la opinión pública se basa en la actuación de personajes mediáticos que utilizan el discurso dispuesto para filtrar y ordenar la realidad social de la manera más conveniente para el poder; el recurso que subyace al repertorio semántico creado por el régimen es la utilización de filtros axiomáticos cuya validez nunca es puesta en duda. Esto indica que el aparato discursivo empleado para perpetuar el sistema en relativa paz social, pretende salvar el engorroso trámite de la represión violenta; todo el mundo sabe que es mejor convencer que obligar.

Hegemonía

La construcción de la hegemonía, es decir, la intervención del poder sobre todas las esferas de la vida de los individuos en forma de dominación está destinada, como hemos dicho, a reforzar el poder material de la(s) élite(s) con otros tipos de dominación –cultural o simbólica– que resultan más efectivos. Así, las actuaciones del régimen militar y la posterior transición pacífica estarán justificadas en gran medida por la ardua y concienzuda configuración de un imaginario compartido que, bajo la ilusión del bien común, mantiene unidos los enlaces de la superestructura. Fernández Steinko lo describe así:

Esto significa que [los filtros axiomáticos] forman parte de un determinado sistema de hegemonía, es decir, de la forma por la cual las clases dominantes –las que acaparan la mayor parte de los recursos sociales que en la mayoría de los casos son numéricamente minoritarias– organizan la gestión no sólo de sus propios intereses, sino de toda la sociedad.

A. FERNÁNDEZ STEINKO (2004). p. 33-36.

Sin embargo, y de ello da muestras el posicionamiento de Gerardo en la obra, la hegemonía no se reduce a una simple manipulación de las mayorías menos poderosas, en cambio, se erige en un mecanismo de reproducción social que el autor madrileño, a propósito de una lectura que Bottomore7 hace de Gramsci, describe como sigue:

Relativamente coherente y sistemático basado en las concesiones y en el intercambio de ventajas (por ejemplo económicas o laborales) a cambio de apoyos estratégicos o temporales (por ejemplo electorales o culturales) y que además sirve para organizar y gestionar las instituciones estatales de una forma mínimamente estable y continuada.

A. FERNÁNDEZ STEINKO (2004). p. 33-36.

Así bien, el lenguaje se convierte en herramienta indispensable para confeccionar el aparataje hegemónico de la sociedad chilena. El lenguaje que Gramsci llamaba metafórico, era para la nación sudamericana de aquellos días una entidad autopoiética8 creadora de sentido, dotadora de significados, valedora del entendimiento mismo de la realidad. Para el autor italiano el lenguaje lo era todo y constituía una abstracción de la humanidad, abstracción histórica, dinámica9.

El habitus y los universos de significados

Esta realidad descrita, la plasmada por Dorfman en la obra, es entendida por su parte –a la hora de recrear y escribir– y por la del lector –al imaginarla– en función del lugar desde el que se mire. Esto quiere decir que acceder al conocimiento de ésta solo es posible cuando se adopta una posición de partida; ningún conocimiento se desarrolla desde cero, sin contar con el pasado y el contexto. Las construcciones simbólicas se cimientan en una serie de convicciones, hábitos, valores, expectativas y actitudes que han sido prediseñadas en base a la amalgama de condiciones materiales y las conductas y preferencias de ésta derivadas.

Esta amalgama conforma el habitus que describe la postura de los personajes y su forma de abordar la emergencia de la coyuntura: el enfrentamiento entre víctima y victimario. Como sabemos, el habitus bourdeliano produce historia, asegura la presencia activa de las experiencias pasadas. A lo largo del discurso de Roberto, observamos que este pasado sobrevive en la actualidad y que tiende a perpetuarse. De alguna manera, el pensamiento dominante durante la dictadura, se ha colado en la consciencia, la voluntad y el discurso de parte de la población –particularmente en los valedores de sus estrategias– y que es el resultado de una clase determinada de regularidades objetivas en sus construcciones simbólicas (mediadas como hemos dicho por las condiciones materiales y su posición hegemónica). Éste pensamiento, tiende a engendrar comportamientos que serán considerados, pues, como razonables y a excluir los que considera “locuras”10. Para el caso que nos ocupa, deberíamos hablar de un habitus rodeado de las características de la casta militar chilena que en aquel entonces comandaba la supuesta transición: anticomunista, ultraconservadora en lo político y liberal en lo económico, patriarcal, autoritaria, oligarca y guerrerista. De esta manera adquieren visibilidad los universos de significados, principios generadores de disposiciones que funcionan a través de la interpretación de la vida social desde la contingencia de la clase de la que provienen; acerca de lo cual diría Bourdieu:

Las diferentes clases y fracciones de clase están inmersas en una lucha francamente simbólica con el fin de imponer la definición del mundo social más acorde con sus propios intereses. El campo de los puntos de vista ideológicos reproducen así, de forma transfigurada, el campo de las posiciones sociales.

P. BOURDIEU (1979), págs. 408 y siguientes.

En el libro se observa cómo estas disposiciones quitan credibilidad al cuestionamiento de la honradez y el honor de las acciones de la transición a la vez que se delata en algunas ocasiones, en un acto de reflexividad casi irónica, la actuación consciente de los representantes de la retórica transicional sobre el hecho de que mantienen un poder discursivo que perpetúa la represión del régimen militar:

GERARDO. Vamos a tener un montón de problemas serios. Para empezar, el Ejército nos va a hacer la contra durante todo el… Ya le avisaron al Presidente que consideraban esta investigación un agravio, que era inaceptable que se estuvieran removiendo las heridas del pasado. Por suerte, siguió adelante, pero…

ROBERTO. En este caso, capaz de que tengas razón y no se sepa finalmente quiénes son estos tipos, no ves que forman una especie de… cofradía, fraternidad.

GERARDO. Mafia.

A. DORFMAN (2005), p. 22.

Además, de manera condescendiente se desprecia el discurso de las víctimas aludiendo a una incapacidad de juicio por parte de éstas debido a su “precario estado de salud mental”:

GERARDO. Paulineta linda…Paulineta linda. Estás irreconocible. ¿Cómo es posible que estés así?

Ibíd., p. 35.

También se ve la declaración que el discurso dominante hace sobre la falta de racionalidad y corrección en los actos de las víctimas:

GERARDO. Te ruego, Paulina, que seamos razonables, que actuemos…

PAULINA. Tú serás razonable. A ti nunca te hicieron nada.

Ibíd., p. 34.

Asimismo, se recalca la posición de quien detenta validez discursiva sobre quién carece de ella:

ROBERTO. Señora, yo no la conozco. No la he visto antes en mi vida. Puedo sí decirle que usted está muy enferma. Pero usted, Señor Escobar, no está enfermo señor. Usted es un abogado, un defensor de los derechos humanos…

Ibíd., p. 41.

En última instancia podemos sacar a la superficie otro rasgo de supremacía discursiva que puede considerarse muestra de un extremo dominio hegemónico: el monopolio de la verdad. En la teoría del conflicto se ha llegado a un acuerdo sobre el lugar común en la reconciliación de los pueblos tras un conflicto armado o una dictadura. Este lugar común, cuya naturaleza y funcionamiento ha sido reconocida y exigida por diversos organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, la Corte Interamericana de Derechos Humanos o el Tribunal Penal Internacional, comprende tres requisitos ineludibles para la consecución de dicha reconciliación: la verdad, la justicia y la reparación. Por último entonces, se hace necesario resaltar la negación que hace el discurso hegemónico del primer escalón hacia la paz y la reconciliación, el derecho a la verdad:

ROBERTO. ¿Qué más quiere, señora? Tiene más de lo que todas las víctimas de este país van a tener. Un hombre confeso, a sus pies, humillado, rogando por su vida. ¿Qué más quiere?

PAULINA. La verdad, Doctor…

Ibíd., p. 79.

La ruptura discursiva: liberación, denuncia e identidad.

La obra teatral del escritor chileno nos ofrece en importantísima medida una situación crítica en la que el pueblo chileno, latinoamericano, y en general los pueblos que han sufrido atrocidades de ese tipo, se ven identificados. El enfrentarse a su propio torturador da a Paulina la oportunidad de tener por primera vez en años el control, ya no sólo sobre sí misma (que por otro lado le costó recobrar) sino sobre toda una situación compleja y con múltiples implicaciones. En la narración de la historia de Paulina asistimos a la reivindicación urgente de un trauma que necesita ser sanado, a la puesta en marcha de recursos sofisticados –a la vez que desconocidos y espontáneos para ella– para reequilibrar las injusticias sufridas por ésta: la privación de la libertad, el menoscabo de su identidad y la negación de la verdad.

Como hemos anticipado a lo largo del ensayo, la actuación de la mujer torturada está envuelta en toda una serie de procesos sociolingüísticos, y por ende simbólicos, que pueden ser explicados a través (aunque no sólo), del análisis del discurso y en lo que a la ruptura respecta, en términos del interaccionismo simbólico11.

El lenguaje usado a este respecto y que hemos utilizado en este documento, pasando por Bourdieu, Gramsci, Steinko, Bottomore, Arendt y Bauman, coincide en la concepción de constructos, en distintas instancias automáticos o premeditados, erigidos para enmarcar la concepción del mundo, su organización y las implicaciones de significado en términos de poder, hegemonía, jerarquía orden o deber (por poner ejemplos). Estos universos de significados, categorías perceptivas12, o en términos de Bernstein, códigos lingüísticos13, son la expresión de la concesión de entidad estructural (social) a los significados y su explicitación lingüística. Así, podríamos elaborar un esquema que explique la distribución de la interacción y el papel de los códigos lingüísticos en el drama La muerte y la doncella, de la manera siguiente:

i) La interacción y la sociedad chilena: la estructura social de ese momento está constituida por unas claras posiciones sociales y el reconocimiento que se atribuye a éstas. Por un lado aparecen los que al parecer abogan por la transición pacífica y sosegada que conviene a los poderes fácticos heredados de la dictadura; una facción de la patria cubierta por un manto de silencio que podría leerse cómplice. Por otra, los que sufren al callar, los que recuerdan las acciones incómodas para los estratos más altos. La interacción entre estos sectores está mediada por el reconocimiento mutuo.

ii) El reconocimiento en la interacción: en primer lugar aparece el status. Evidentemente en el contexto de la historia, un médico y un abogado que apoyan el tipo de transición propuesta, donde el segundo incluso trabaja en una Comisión de trabajo para ésta, gozan de un mayor prestigio y reconocimiento social que dota de mayor legitimidad a sus discursos. Después, encontramos el rol, el papel que juegan los tres personajes en acuerdo con los requerimientos concretos de actuación que se esperan en la situación. En este último caso podemos ver cómo encajan a la perfección y no parece que haya una ruptura de la interacción esperada: el abogado pro-transición y el médico parecen personas tranquilas y razonables que intentan encajar el comportamiento de una desadaptada.

iii) La asunción del rol a través de la interacción: la interacción no está absolutamente determinada por el rol, en ésta se involucra la voluntad de Paulina, aunque en muchos casos, la predisposición de los factores mediados por el status hacen muy difícil una desviación significativa de las expectativas de la interacción. Aun así, dentro de las restricciones del rol, hay lugar para lo inesperado y lo novedoso. La víctima que pretende superar un trauma tiene algo que decir.

Paulina lleva a cabo una asunción del rol, es decir, consigue identificarse con éste. Lo interesante de la asunción es su desarrollo; como victima consciente del aparataje hegemónico engendrado para monopolizar el discurso y perpetuar un estado de cosas que a ella la relegan a una situación de indefensión, no adapta sus comportamientos a las expectativas de los participantes de la interacción: hay una ruptura intencionada de la interacción14. ¿Quién soy yo? ¿Quiénes son ellos? ¿Qué comportamiento se espera de mí y cuál estoy dispuesta a presentar?

La identidad se ve reafirmada en el acto de reivindicar su condición de víctima y en dicha asunción se hace una proclama justicialista en función de la verdad acerca de la identidad. De esta manera, al exigir la identificación de Roberto como verdugo, intenta establecer una interacción verificada y completa; si ella es víctima es porque hay un victimario, si su identidad depende de la del otro, necesita que esta segunda sea reconocida. La lucha por la identidad se prolonga y resignifica constantemente hacia la lucha por la verdad –contenida en y continente de la primera– y en última instancia hacia la persecución de la liberación.

Esta última necesidad, la liberación, pasa, en términos freudianos, por la catarsis auto-aplicada por Paulina a su trauma. Según el planteamiento de Freud, el trauma de Paulina está caracterizado por una representación (el olor de Roberto, el tacto de su piel, su voz, Schubert) y un afecto (dolor, vergüenza, tristeza, rabia) cuya unión en el trauma ha sido destruida debido a la represión de la representación. Durante años le han dicho a Paulina que olvide, que perdone, que descanse, que entierre el dolor del pasado:

ROBERTO. […] ¿Qué tienen que hacer ellos, pasarse quince años buscándola y cuando la encuentren ellos…

PAULINA. Nueve.

ROBERTO. Ay, Paulina… ¿No te parece que es hora de terminar de una vez?

A. DORFMAN (2005), p. 80.

Una vez la víctima ha restablecido la unión entre afecto y representación, una vez ha tenido frente a sí al autor de su trauma, debe descargar el afecto, las emociones a través del lenguaje. Para esto, y con esto finaliza esta reflexión, hace uso del arma que ostenta el poder para legitimar y esconder sus atrocidades: las palabras. En un astuto juego utiliza el discurso de su verdugo para iniciar el pequeño juicio en una magistral vuelta de 360 grados en los roles atribuidos a sus status:

PAULINA. Bueno, ya tenemos una declaración sobre el perdón. El doctor miranda opina que no tiene perdón, ni perdón de Dios, atar a alguien contra su voluntad por unas horas, dejar a esa persona sin habla por un par de horas. Estamos de acuerdo. ¿Algo más?

Ibíd., p. 41.

Bibliografía

 

 1 DORFMAN, A., La muerte y la doncella. Stuttgart. Reclams Universal-Bibliothek. 2005

 2 ARENDT, H. Eichman in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil. New York. The Vinking Press. 1963.

 3 BAUMAN, Z. Modernidad y holocausto, Madrid, Sequitur. 1998.

4 La Distincion, Critique sociale de jugement, París, Les Minuit, 1979.

 5 Para ver más: DURKHEIM, Émile. Escritos Selectos. Introducción y selección de Anthony Giddens. Buenos Aires. Nueva Visión. 1993

6 FERNÁNDEZ STEINKO, A., Clase, trabajo y ciudadanía: Introducción a la existencia social. Madrid. Biblioteca Nueva. 2004.

7 BOTTOMORE ,T. (ed.), A Dictionary of Marxist Thought, Cambridge (Mass.), Blackwell. 1991.

 8 Como autorreferencial. Ver: LUHMAN, N., Sistemas sociales. Barcelona. Antrhopos. 1998

GRAMSCI, A., Scritti Politici. A cura di Paolo Spriano, Roma. Riuniti, 1979

10 Para más información ver BOURDIEU, P., El sentido práctico. Buenos Aires, Siglo Veintiuno. 2007. P. 85-105

 11 GOFFMAN, E., Estigma: la identidad deteriorada. Buenos Aires. Amorrortu. 2006 y BLUMER, H., El interaccionismo simbólico, perspectiva y método. Barcelona. Hora. 1982.

 12 Categorías de las impresiones de la realidad con base en la cantidad, la cualidad, la relación y la modalidad de éstas en KANT, E., Crítica de la razón pura. Madrid. Taurus. 2005

 13 BERNSTEIN, B., (ed.) Class, codes and control: Vol. 1, Theoretical Studies Towards a Sociology of Language. London. Routledge and Kegan Paul. 1971

14 Para ver más acerca de experimentación etnometodológica: GARFINKEL, H., “Studies in the routine grounds of everyday activities.” en Studies in social interaction. Editado por D. Sudnow, 1-30. New York: The Free Press. 1972.

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