Perdió el SÍ: las élites ganan otra vez.

MATEO VILLAMIL V.

Fotografía por Carlos Congote

LA IGUANÁ.-Ayer, en contra de todo pronóstico, ganó el NO en el plebiscito. Y digo en contra de todo pronóstico no porque todos los sondeos dieran como ganador al SÍ -pues muchas habíamos advertido del riesgo que implica que la derecha y las fuerzas conservadoras siempre concurran unidas a las batallas democráticas y que siempre, a diferencia de nosotros, vayan a votar-, sino porque pocas cosas hacían sospechar que los colombianos íbamos a cerrar la puerta a la paz con las FARC-EP.  Un 63% de abstención lo explica casi todo. Habrá que reflexionar. Pero repito, casi, no todo.

…teniendo en cuenta que RCN, Caracol, El Tiempo, Portafolio, Semana, NTN24, City TV, ADN, Radio 1, La FM, Win Sports, La Mega, Blu Radio, El Espectador o hasta ¡HOLA!, entre otras decenas de medios, son propiedad de 3 personas…

   Si bien estaba claro que la abstención iba a jugar un papel clave en el resultado final (siempre lo hace y siempre pierde el progreso), debemos preguntarnos realmente por qué a pesar de lo barata que estaba saliéndole la paz al Estado, éste no fue capaz de sortear el innecesario pero democrático handicap llamado refrendación. Todos los medios e incluso parte de la academia coincide en que “el país está dividido” e insiste en la “polarización de Colombia”, pero me gustaría plantear, aunque varias voces ya lo han hecho, las razones del NO desde otra lógica. No es que estemos divididos, es que estamos adormecidas.

Lo que piden las FARC-EP en el acuerdo (si te das a la tarea de leerlo o leer un resumen lo verás claro) además de su inclusión en el Congreso durante 8 años, con 10 curules o escaños con voz pero sin voto, coincide, porque así fueron diseñados por la delegación de la guerrilla, con lo que los movimientos sociales están pidiendo desde hace décadas.

   Hablemos de facticidades, esto es, realidades, expresiones fundamentadas en hechos y/o limitadas a ellos. Invito en cualquier caso a quien crea que lo que escribo es debatible a que nos exponga claramente por qué. Las tertulias pobres donde niegan de entrada la posibilidad  de un análisis objetivo son patrimonio de los medios tradicionales, aquí somos gente muy seria.

  1. Las FARC-EP nacen como respuesta a una realidad política específica. Durante 52 años de guerra con el Estado colombiano han llevado a cabo innumerables acciones violentas y no violentas y han organizado su actividad política, económica y armada de tal manera que dicho Estado nunca ha podido acabar ni con su base social (en los últimos 14 años se han desmovilizado básicamente tantos combatientes como guerrilleros hay a día de hoy), ni con su aparato militar. El grupo armado tiene unas reivindicaciones reales y persigue unos fines igual de tangibles. No estamos discutiendo las formas que, por ser de guerra, a nadie le gustan.
  1. Esa realidad política se puede resumir en que desde el período colonial las élites del país han ejercido el poder en las instituciones, en los territorios y desde los medios que dan acceso al derecho de información (que son en su totalidad propiedad de éstas), sin que nadie pueda controvertirlas so pena de muerte (el nivel de crueldad varía según la época). Han mantenido y aumentado su tenencia de la tierra y los recursos de ésta y han privilegiado el saqueo de Colombia por parte de empresas internacionales.
  1.  En pleno siglo XXI, como referí en artículos anteriores, Colombia, un país riquísimo en recursos, con una población joven y relativamente bien educada: tiene 1/3 del territorio dedicado al latifundio (explotación agraria medieval con un solo dueño y cientos o miles de personas empobrecidas trabajándola). El 70% de los colombianos poseen sólo el 2,4% de la tierra nacional. Ocho (de treinta y dos) departamentos copan más del 50% de la representación en las instituciones (Cámara y Senado), aunque además hay muchos departamentos que jamás han tenido dicha representación…Sí, obvio, esos departamentos son los más pobres.No tenemos red ferroviaria porque la destruyeron(todo, sea carga o sean personas, se mueve en camiones y camioncitos con asientos, las llamadas “busetas”) haciendo que sea -como muchas habrán oído- más barato traer un producto de China que moverlo por Colombia desde sus puertos hacia el interior. La relación del IPC (Índice de Precios al Consumidor, es decir, lo que valen las cosas) con el salario mínimo es tan ridícula, que el 67% de los consumidores, 7 de cada 10 colombianos, son catalogados como “de ingresos bajos” y NO PUEDEN acceder al mercado sin renunciar a tener un techo y consumir los alimentos necesarios (aunque la dieta sea paupérrima) para sobrevivir. Así es fácil que se consolide un sub-mercado de productos deficientes y/o peligrosos, relaciones laborales de semi-esclavitud y un acceso al consumo mediante el crédito las más de las veces ilegal y mediado por la violencia.
  1.  A pesar de que la tierra es prácticamente exclusiva propiedad de las élites, estas tierras son en su gran mayoría terrenos baldíos (quitando las 3 millones de hectáreas que ocupa el negocio de la ganadería), improductivos, usados para especular y nada más. Por lo que importamos -en un país llamado a ser potencia agrícola en los próximos 20 o 30 años- más de 6.000 millones de dólares al año en alimentos de la canasta familiar básica. Esto sin hablar del hecho de que aunque sembremos en Colombia, se nos está obligando a usar semillas de Monsanto. Aun así, los territorios resisten. Lo gracioso es que incluso con el campo vacío, empobrecido e incomunicado, se atreven los poderosos a firmar tratados de libre comercio (TLC’s) con potencias mundiales.Es decir, las potencias nos venden alimentos como el maíz (¡Sí, maíz!) o la leche, automóviles, computadores, materiales de construcción, productos alimenticios empacados, bicicletas, ropa (¡Sí, ropa!), teléfonos móviles, carpetas, maquinaria agrícola, bolígrafos y antenas, a cambio de que nosotros podamos introducir, con beneficios arancelarios, nuestro café y carbón en bultos, azúcar de panela y flores frescas en Europa y Estados Unidos. No es difícil adivinar quiénes son los dueños de todas esas materias primas que “vendemos” en el exterior. O grupos transnacionales o los 4 grupos empresariales de Colombia: los más ricos del país. No sólo no recibimos beneficios de lo exportado, sino que encima las  mayorías ni siquiera accedemos a los productos de fuera. Accedemos a las imitaciones pues los ingresos de las familias y las facilidades para las pymes sólo permiten a los comerciantes nacionales imitarlo (“chiviarlo”), no comercializarlo.
  1. El Estado social de derecho debe garantizar (no ofrecer, proveer o proteger, sino garantizar) educación, sanidad, vivienda e infraestructuras públicas. Colombia sin embargo tiene la educación privatizada, la sanidad privatizada, las infraestructuras de servicios públicos privatizadas (cada vez más. Vean Isagén, Ecopetrol, Avianca o ETB) y la vivienda pública prácticamente no existe. Pero no sólo las mayorías del campo están completamente olvidadas; en la ciudad nos dividen en 6 estratos que podrían caracterizarse, del 1 al 6, así: muy miserables, miserables, pobres, luchadoras, trabajadores dignos y finalmente las que lograron victorias parciales acomodándose a un sistema injusto, que son las que menos.Estas últimas colombianas, las de estrato 6, no tienen derecho ni a sanidad ni educación pública. Deben pagar por todo. Además, y esto es lo más grave, tienen que llevar a cuestas una carga fiscal altísima, en relación ya no al resto de estratos (del 1 que recuerda a Haití al 5 que recuerda a España), sino en comparación con lo poco (a veces nada) que pagan las grandes fortunas y empresas del país, que prefieren llevar su dinero a paraísos fiscales.Así, dependiendo de lo adaptada que estés a un país sin Estado en el que quien manda es un mercado caótico, desorganizado e injusto, tendrás más o menos ayudas (porque así nos presentan las funciones del Estado: no como derechos sino como “oportunidades” misericordiosas). Eso sí, sin dignidad alguna: si eres tan pobre como para poder acceder a la “ayuda” de tu Estado, vivirás en condiciones precarias y te pelearás por servicios públicos deficientes. Claro queda que no te verás en condiciones para conquistar la trillada movilidad social que pregonan cuando dicen “¡Trabaje, más bien!” porque quedó demostrado que ni trabajando como mula se hace uno rico. Eso sí, si eres lo suficientemente miserable o huiste del campo porque allí sólo hay hambre y muerte, no tendrás que pagar, o no tanto, por ejercer tu ciudadanía, aunque sea de mínima intensidad.

…el desapego por las instituciones tiene como principal motivo el hecho de que la gente normal nunca entra en ellas y los poderosos nunca las soltaron.

   ¿Y qué relación tienen todos estos hechos con los Acuerdos de La Habana? Bueno, la relación es directa. Lo que piden las FARC-EP en el acuerdo (si te das a la tarea de leerlo o leer un resumen lo verás claro) además de su inclusión en el Congreso durante 8 años, con 10 curules o escaños con voz pero sin voto, coincide, porque así fueron diseñados por la delegación de la guerrilla, con lo que los movimientos sociales están pidiendo desde hace décadas. Si vamos al punto de participación política, el de la política de drogas o al de tierras, veremos que lo que las FARC piden al Estado es básicamente que escuchen las voces de los movimientos, que históricamente le exigen que ejerza su función. Nada más.

Rechazar un acuerdo de este tipo, significa seguir postergando las tareas de hacer una reforma agraria que beneficie por fin a las colombianas y no a multinacionales poderosas, re-nacionalizar […] los servicios públicos y los sectores estratégicos de la economía […] y sobre todo significa que seguiremos condenando a la muerte, la tortura, la persecución y el escarnio público a los que pensamos y hacemos política en contra de los poderosos.

   ¿Por qué entonces hay quien se opone? ¿Por qué los únicos “argumentos” por el NO se reducen a cuestiones morales sobre si ex combatientes deben hacer política, no sólo como si eso fuera malo, sino como si muchos ex combatientes no estuvieran ya en el Congreso? ¿Por qué tanta gente pobre votó NO? y ¿Por qué fuera del discurso infantil de “seremos Venezuela” y “Timochenko se tomará el poder y nos hará comunistas” el 50% de los votantes dijo que NO?

   Hay que preguntarse, ya que el contenido fue el gran ausente en la campaña por el NO, a qué sensibilidades reales y poderosas apeló el uribismo para que afearamos ayer la gran oportunidad de dejar medio siglo de bombas y sangre. Aunque los dispositivos que utilizan son variados y muy complejos, es necesario resaltar que los arbitrarios e interesados términos de “terrorismo”, “castrochavismo” o similares están rellenos de cientos de significados y sentimientos que el colombiano de a pie no puede atribuir a procesos o realidades políticas complejas. En gran parte por la deficiencia en la calidad y la amplitud de la enseñanza pública, pero sobre todo por el monopolio de los medios de comunicación.

   Es difícil comprender -teniendo en cuenta que RCN, Caracol, El Tiempo, Portafolio, Semana, NTN24, City TV, ADN, Radio 1, La FM, Win Sports, La Mega, Blu Radio, El Espectador o hasta ¡HOLA!, entre otras decenas de medios, son propiedad de 3 personas: Sarmiento Angulo, Santo Domingo y Ardila Lulle- que el problema de la salud y la educación es que estos derechos se convirtieron en negocio, que la contaminación insalubre de nuestras ciudades se debe a nuestra dependencia hacia los combustibles fósiles y los intereses de los carteles de propietarios de busetas y taxis (O en el caso de Bogotá también a la vergüenza de la academia, el embustero de la Université Paris, el defensor de Volvo, Enrique, Quiquín, Peñalosa); que los altos precios se deben a la raquítica industria nacional y el abandono del campo que entierra cualquier atisbo de soberanía alimentaria, o que el desapego por las instituciones tiene como principal motivo el hecho de que la gente normal nunca entra en ellas y los poderosos nunca las soltaron.

Hay que preguntarse, ya que el contenido fue el gran ausente en la campaña por el NO, a qué sensibilidades reales y poderosas apeló el uribismo.

   Es complicado, digo, que las colombianas puedan tomar conciencia de la realidad cuando las élites nos han condenado a vivir su sueño y a perpetuarlo. El imaginario falaz de los ricos que dicen que el pobre “es pobre porque quiere” ha sido plantado con admirable eficacia sobre los cerebros poco instruidos y mal alimentados de nuestras mayorías sociales. Pero eso no implica que no haya espacio para la rebeldía, para el pensamiento libre, para la expresión del amor, la razón y la empatía. Habrá que crear amplios espacios alternativos que permitan una reforma ética y cultural basada en valores democráticos.

   Sin embargo, que no se consolide la paz con las FARC-EP, es decir, rechazar el siguiente acuerdo -que no tengan duda, será del mismo tipo- significa seguir postergando las urgentes tareas de hacer una reforma agraria que beneficie por fin a las colombianas y no a multinacionales poderosas, o de re-nacionalizar (es decir, democratizar, ejercer soberanía sobre) los servicios públicos y los sectores estratégicos de la economía para no dejarlos al criterio de la especulación y la lógica de beneficios de las empresas. También significa, sobre todo, que seguiremos condenando a la muerte, la tortura, la persecución y el escarnio público a los que pensamos y hacemos política en contra de los poderosos.

La gente normal, la gente decente, debemos tomarnos la arena del debate constructivo, debe irrumpir en y apropiarse de las instituciones, debe ejercer por fin el poder y no auto-compadecerse de su penosa situación subalterna […]No nacimos para resistir, nacimos para vencer.

   A pesar de que mucha gente pobre e incluso muchos afectados por la guerra crean que han conquistado una victoria con el NO, las élites ganan otra vez. Pero no importa, no cesemos, ya se les nota a estas élites el miedo.

¡Tod@s! ¡Aprendamos de las fuerzas de progreso y los movimientos sociales que llevan resistiendo décadas y cuyos corazones arrugados por las mordazas y la muerte no aguantan más!

¡La gente normal, la gente decente, debemos tomarnos la arena del debate constructivo, debemos irrumpir en y apropiarnos de las instituciones, debemos ejercer por fin el poder y no auto-compadecernos de nuestra penosa situación subalterna!…

¡NO NACIMOS PARA RESISTIR, NACIMOS PARA VENCER!1

1. Frase extraída de Los invisibles de Los Chikos del Maíz

 

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8 comentarios en “Perdió el SÍ: las élites ganan otra vez.

  1. Nancy Jimenez dijo:

    Muy interesante su artículo, muy bonito y bien redactado, usted habla de unos cuantos puntos del acuerdo y esos está bien.
    Yo sigo estando en desacuerdo por los muchos otros puntos que no mencionas y que son más fuertes.
    Aclaro NO SOY URIBISTA! Y el hecho que no piense igual que usted, no me hace gente indecente.
    Gracias por compartir.
    Saludos.

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    • Mateo Villamil dijo:

      ¡Gracias por comentar! Y Gracias por tu opinión. Lástima que no lo hayas leído. Porque se nota que no. Es que ese es el problema, que no leemos.

      Sin embargo ¿Qué puntos crees que no menciono y son más fuertes? Me encantaría poder escribir también sobre ellos 🙂

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    • Esneda Eugenia Sierra dijo:

      A mí también me interesa saber “los muchos otros puntos que no menciona el cronista y que son más fuertes”. Considero que podrían ser de interés general especificarlos. Es una forma sana y honesta de participar en un debate. Observo prevención al declararse no uribista de entrada y aclarar que: “el hecho de no piense igual que usted, no me hace gente indecente”. Una postura innecesaria. Un cordial saludo.

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