Colombia: país de secretarias y vigilantes

MATEO VILLAMIL V.

Fotografía por Carlos Congote.

BOMBONÁ.-Esta mañana me despertaron los gritos de los obreros. Hace más de tres meses no uso el despertador. Bien porque entendí lo que Sartre llama libertad absoluta, bien porque la obra de al lado, catedral de la precariedad, empieza rigurosamente a las siete de la mañana durante toda la semana. El único día que descansamos del ruido que hace, es el Domingo, día del Señor.

– ¡Anibaaaaaaal!

-¡Quéeeee!

-¡Una varilla de media ahora que suba!

-¡Quéeeeee!

-¡Cuando suba, una de mediaaaaa!

-¡Una quéeee!

 

DE LAS 14 HORAS DE MEDIA QUE SE PASAN EN LA OBRA, SÓLO A LA HORA DEL ALMUERZO SE CALLAN LOS CONDENADOS. CASI NINGUNO LLEVA ARNÉS, POCOS EL EQUIPO DE PROTECCIÓN COMPLETO, ALGUNOS NI GUANTES, NI CASCO. NO GANARÁN NI DOS SALARIOS MÍNIMOS.

 

   Y así comienza el miércoles. Me levanto, recuerdo que ganó el NO. Me rasco la cabeza y como no hay nada que hacerle, me saco el recuerdo con un poco más de esmero con las uñas. Me las corté ayer, mierda, no me quitaré el fracaso nacional del coco en todo el día. Miro desde mi terraza y veo que ya van por el piso diecisiete. Hace nada iban por el diez. Construyen rapidísimo y, sin lugar a duda, mal. No es que yo sepa mucho de construcción pero sé cuando algo es claramente mediocre; en cuatro meses quieren construir desde cero un edificio de hormigón armado de 20 pisos, con paredes de ladrillos hechas casi a ojo y sin un solo walkie-talkie en toda la cuadrilla. A grito pelao se comunican los cerca de veinticinco obreros que he contabilizado. De las 14 horas de media que se pasan en la obra, sólo a la hora del almuerzo se callan los condenados. Casi ninguno lleva arnés, pocos el equipo de protección completo, algunos ni guantes, ni casco. No ganarán ni dos salarios mínimos.

 

QUIÉN SABE, A LO MEJOR ALGUNA DE ESTAS CHICAS ACABE SIENDO GUARDIA DE SEGURIDAD EN ESTA BIBLIOTECA. O EN OTRA, IGUAL HAY DOCENAS DE BIBLIOTECAS EN LA CIUDAD. TODAS LLENAS DE LIBROS VIEJOS QUE POCOS LEEN Y QUE MENOS ENTIENDEN. QUIZÁS EN CAMBIO, ACABE EN EL DESPACHO DE ALGÚN ABOGADILLO ESCRIBIENDO, MAL, LAS CARTAS QUE EL DOTOR TIENE QUE ENVIAR A SUS CLIENTES FELONES.

 

   Los albañiles en mi país, como todas las trabajadoras de aquí, viven una vida que encuentro insoportable. Un día a día que me trae a la memoria el tedio de vivir que sobrecoge al ver Seul contre tous de Gaspar Noé: una maraña de desgracias cotidianas que mina la moral de cualquiera y permite que una costra de angustia, premura, odio y resignación se consuma el espíritu de Yuri, de Liliana, de Diego, de Camilo. Esa angustia fantasmal se deja oler en cada esquina apresurada de mi ciudad. Cientos de transeúntes ignoran el semáforo de peatones y aguardan felinamente  el momento exacto para esquivar el tráfico inmundo de un salto y cruzar al otro lado de la calle. No importa si no van tarde o con prisa, hay que cruzar la calle en cuanto haya chance. La matemática probabilidad de hacerlo sin ser atropellada es suficiente… ¡Aaaaaahora! Da igual si llevan a su hijo de cuatro años de la mano. Pronto él también aprenderá que las cosas aquí siempre se arreglan gritando, sobornando, matando. Eso y que hay que vivir afanado, no hay tiempo para esperar al muñequito verde del semáforo. Es la ley de la selva, dicen.

   Mientras escribo, ya en mi locación habitual, a menos de veinte metros a la redonda hay por lo menos ocho guardias de seguridad. Estoy en la biblioteca como de costumbre. Me acuerdo de los albañiles de al lado de mi casa y pienso Hijueputa, al menos ellos tienen trabajo… Todos a mi alrededor parecen ajenos a mi desempleo, tener pinta de burgués engaña a la gente. En la planta baja -o primer piso que decimos en Colombia- los celachos vigilan que nadie se robe los libros o arme pelea (o alguna de las cosas que yo aún no alcanzo a comprender y que al parecer pueden ocurrir dentro o cerca de todo lo que tenga paredes en Colombia, pues siempre hay guardias, y muchos, en todas partes, las más de las veces armados); en los 17 pisos que tenemos por encima calculo que debe haber por lo menos unos 100 trabajadores de “administración”. Secretarias, casi todas mujeres en ralidad.

   Frente a la biblioteca, que es nueva, veo decenas de estudiantes de un validadero cercano. Allí donde los fracasados escolares acuden para que, por el simple hecho de pagar, les dispensen un título de graduados de bachiller. Quién sabe, a lo mejor alguna de estas chicas acabe siendo guardia de seguridad en esta biblioteca. O en otra, igual hay docenas de bibliotecas en la ciudad. Todas llenas de libros viejos que pocos leen y que menos entienden. Quizás en cambio, acabe en el despacho de algún abogadillo escribiendo, mal, las cartas que el Dotor tiene que enviar a sus clientes felones.

 

PRONTO ÉL TAMBIÉN APRENDERÁ QUE LAS COSAS AQUÍ SIEMPRE SE ARREGLAN GRITANDO, SOBORNANDO, MATANDO. ESO Y QUE HAY QUE VIVIR AFANADO, NO HAY TIEMPO PARA ESPERAR AL MUÑQUITO VERDE DEL SEMÁFORO. ES LA LEY DE LA SELVA, DICEN.

 

   Pero el diagnóstico ácido de que Colombia es un país de secretarias y vigilantes no es sólo una graciosa crítica costumbrista. Qué va. Que en Colombia normalmente sólo podamos ser teleoperadores, asistentes de venta, promotoras de marca, secretarios de marketing o una larga lista de empleos poco constructivos, menos gratificantes y nada productivos, nos hace plantearnos qué carajo estamos haciendo mal como país para que sigamos siendo inmensamente ricos a la vez que profundamente subdesarrollados. Y eso me hace plantearme algunas preguntas.

1. Si tenemos tanto campo fértil vacío y tantos campesinos sin tierra pero con hambre ¿Por qué no repartimos bien la tierra y dejamos de gastar miles de millones de dólares al año en comida que podríamos producir aquí?


a. Si conocemos la tecnología y tenemos la fuerza de trabajo ¿Por qué seguimos importando básicamente todo lo que existe mientras profesionales viven del rebusque?

b. Si todavía quedaban, por ejemplo, Ecopetrol, Isagén o ETB ¿Por qué las vamos privatizando para luego pagar por importar lo que producíamos y vendíamos?

2. Si sabemos que los trenes, desde hace rato también eléctricos, son la mejor solución al transporte desde hace más de cien años ¿Por qué seguimos transportando y transportándonos en chatarras inútiles que utilizan combustibles fósiles finitos y contaminantes?

3. Si tenemos decenas de miles de médicos, ingenieras eléctricas, diseñadores industriales, científicos sociales, físicas y matemáticas, economistas, docentes y arquitectos ¿Por qué seguimos teniendo calles reventadas, cables colgados por todas partes, sólo dos canales de televisión o miles de poblaciones numerosas aún sin alcantarillado?

4. ¿Son todos los ricos nacionales demasiado estúpidos para invertir en que el país se desarrolle?

5. Si la Universidad Nacional de Colombia es la mejor del país ¿Por qué seguimos empeñadas en fortalecer las instituciones del sector privado –y los créditos bancarios a los que hay que recurrir– en lugar de universalizar, fortalecer y garantizar la pública?

6. Si el capitalismo financiero nos obligó a usar el dinero de plástico ¿Por qué también nos obligan a hacer filas interminables para sacar –con el plástico– dinero de papel de un cajero porque en ningún lado reciben tarjeta como forma de pago?

a. ¿Eso significa que los banqueros colombianos son estúpidos?

7. Si trabajamos seis días a la semana, ocho horas al día por 700.000 pesos ¿Con qué tiempo vamos a ir a consumir/comprar para que la economía no muera?

a. Si el salario mínimo es tan ridículamente bajo ¿De qué me sirve el único día libre si en cualquier caso no hay plata para hacer nada?

b. Si no consumimos con nuestro salario ¿Cómo salvaremos la economía colombiana?

c. Si igual la tele nos dice que hay que consumir pero no tenemos money y acudimos al crédito ¿Qué pasará cuando no podamos pagar? Un pagadiario te mata, pero ¿Qué harán los bancos?

d. Si trabajamos 350 días al año y descansamos sólo 15 ¿Qué sentido tiene vivir?

8. Si la educación pública o privada sólo nos prepara para ser secretarias o vigilantes ¿Qué impide que cualquier residente del país acabe vendiendo empanadas en una esquina?

a. Si más de la mitad de los colombianos se dedica precisamente a vender empanadas (o celulares, o lasagnas por Facebook, o bisutería gomela en ferias gomelas, o aguacates en el centro, o sales marinas en la universidad, etc.) para sobrevivir y por ende no paga impuestos ¿Qué esperanza hay de que se pueda construir el tal Estado social de derecho sólo con las chichiguas que pagan las grandes fortunas?

b. Si esos ricos que evaden impuestos son los mismos que ocupan siempre las instituciones y los mismos dueños de los medios ¿De dónde saldrá toda la plata para cambiar al país? ¿Quién les exigirá a ellos que paguen y no se lleven sus fortunas a paraísos fiscales?

9. Si la mayoría de niñas y niños colombianos creció sin papá o sin papá ni mamá ¿Por qué las religiones siguen dándonos por el culo con su modelo de familia inexistente?

10. ¿Por qué debo avergonzarme de mis tatuajes, de fumar marihuana o de cagarme públicamente en Dios, pero nadie se avergüenza de aplaudir la muerte de un guerrillero, la persecución a un izquierdista o el linchamiento a un homosexual?

11402577_476360319196482_2326809875849806436_o

Si quieres leer algunas respuestas o sobre todo, más preguntas, hazlo aquí mismo.

Anuncios

2 comentarios en “Colombia: país de secretarias y vigilantes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s