25N: Por favor, dejen de matar a mi mamá

Mateo Villamil Valencia

Fotografía por @emiliojh

BOMBONÁ.-La primera persona a la que llamo cuando hay una buena noticia que contar es mi madre. Cuando algo malo ha ocurrido, es también la primera, aunque en estos casos algo me hace pensar que siempre sabe de antemano lo que va a pasar. No sé si puede ver el futuro, pero desde luego siempre las ve venir antes que yo. Este texto, espero, lo habrá leído antes de ser publicado.  En él se resume, supongo, una reflexión que, a modo de homenaje a quien decidió traerme a este mundo de mierda para ayudarle a combatirlo, aporta al debate sobre la necesaria destrucción del machismo que me somete a mí como deudor de un rol de género y, sobre todo, a todos los seres humanos que como mi madre, por razones que aún escapan a la explicación de la demografía, nacen siempre en mayor proporción que el resto: las mujeres.

.

Mi historia habla de una persona que no es cariñosa según los parámetros edulcorados asignados tradicionalmente a las mujeres, que cuenta los besos que da y que nunca se ha sometido a nada ni a nadie…

    Mi historia habla de una persona que no es cariñosa según los parámetros edulcorados asignados tradicionalmente a las mujeres, que cuenta los besos que da y que nunca se ha sometido a nada ni a nadie (salvo a su madre) sin que ese algo o alguien tenga que trabajar concienzudamente para controlar y dar respuesta a sus protestas, que aunque a veces por cuestiones prácticas reprime o canaliza, siempre se erigen firmes sobre la base de unos principios innegociables.

    Los primeros recuerdos que de ella vienen a mi cabeza me muestran la imagen más joven de una mulata (aún) delgada, que enseña o corrige algo a cada paso y en cada esquina, con una voz tan clara como las mañanas de un verano madrileño. Recuerdo sus manos esbeltas y oscuras, siempre bien cuidadas e impregnadas con todos los olores de mi infancia: la crema hidratante, el ajo picadito, el azúcar moreno, el esmalte trasnparente y blanco. A Pantene siempre olió su pelo; la maraña esponjosa de pelo, en la que todavía hoy sumerjo mi cara para imaginar que abrazo a una oveja negra, adornaba la parte del cuerpo de mi mamá con la que siempre tuve la mayor conexión: su cabeza.

.

El músico francés fue el mejor de todos. Un intelectual de izquierdas que parecía enamorado del mero acto de vivir cada segundo de la vida. Me enseñó tantas cosas mi -por aquel entonces- beau-père…Pienso en él cada vez que miro el rostro de mi hermano pequeño: la brisa del viento de una Costa Azul refulgente parece tejer los remolinos de su pelo…

    Yo era bastante pequeño. Vivíamos en Bucaramanga, Colombia. Hace mucho ya. Más de veinte años seguro. Recuerdo que mi mamá no cosía. Nunca se puso tacones. No recuerdo jamás haberla visto siendo coqueta: para ella las relaciones personales sólo pueden existir dentro de un marco de franqueza visceral e interés sincero. Jamás le puso buena cara a alguien por quien tuviera reparos considerables, fueran éticos, políticos o personales. No la culpo, cuando intenta fingir una sonrisa, se le pone cara de culo. Con mi padre estuvo poco, era obvio que no iban a durar: ella siempre lo dijo, amar no basta. Las culpas las reparte el tiempo y los recuerdos póstumos, no me corresponde a mí dilucidar quién fue “el culpable” de crecer con viejos separados. En cualquier caso me da igual, el de las familias nucleares, después de la universidad, es el paradigma más sobrevalorado.

.

…la maraña esponjosa de pelo, en la que todavía hoy sumerjo mi cara para imaginar que abrazo a una oveja negra, adornaba la parte del cuerpo de mi mamá con la que siempre tuve la mayor conexión: su cabeza.

    La madre divorciada de Mateo vestía muy a la moda y tomaba mucho café. La moda, coincidencias, era tener pinta de Maya Angelou, de leer mucho y pasar del sistema. Se fue arruinando la dentadura con la bebida irremplazable del mamerto y el cigarrillo con los años, pero me da la sensación de que eso nunca fue un impedimento para que los hombres la encontraran muy atractiva. Esa devoradora de libros, que cuando la dejan habla hasta por los codos, era un imán para los intelectualoides profundos que de todas formas las buscan bonitas. Daba igual que el color de sus incisivos recordaran su adicción. En esa época nadie se preguntaba por lo asesino que es el tabaco, todos cayeron en el embrujo de Malboro.

    Ella en cambio no se dejó atrapar nunca en las redes de ningún tipo. Demasiado pusilánimes, inmaduros o aburridos, con el tiempo me fui dando cuenta. El músico francés fue el mejor de todos. Un intelectual de izquierdas que parecía enamorado del mero acto de vivir cada segundo de la vida. Me enseñó tantas cosas mi -por aquel entonces- beau-père…Pienso en él cada vez que miro el rostro de mi hermano pequeño: la brisa del viento de una Costa Azul refulgente parece tejer los remolinos de su pelo; sus manos infantiles recuerdan más a las de Obelix el galo que a las de un niño bogotano. Lastimosamente creo que el hombre se dio cuenta de su pequeñez antes de que lo notara yo. Antes de que lo notara ella misma, que presiente casi todo. Sé que por eso dolió tanto. À bientôt

.

Porque tal como ella me lo enseñó, una madre, esa persona a la que amas por encima de cualquiera, antes de ser madre, es una mujer…

   Hoy 25 de noviembre, día internacional contra la violencia machista que asesina y desangra a mi país y a mi otro país, pienso en sus palabras aleccionándome en el amor libre: desde que conocí a esa chiquilla pálida, mi primer amor a los 14 años, hasta que apareció mi esposa hace unos años, siempre insistió en que antes que mi madre, es mujer. Siempre repite que jamás va a permitir que me comporte de cualquier forma que atente contra la humanidad de una mujer, fuera física o emocionalmente. Y no lo hizo, nunca transigió a la hora de “irrespetar” los límites de mi intimidad. Una mujer merece todo el respeto –o más– que merezco yo como tu madre, decía.

    En este viernes lluvioso del trópico, pensando en el centenar de mujeres asesinadas en España en lo que va de año y los casi 35.000 feminicidios en Colombia en los últimos 10 años, intento dilucidar cómo es posible que nuestra educación, nefasta, motive a un hombre para que asesine a una mujer en su incapacidad por promover una identidad que permita entendernos a nosotros mismos como iguales y no como superiores. Para mí, un hombre que rechaza las masculinidades dominantes tradicionales y lucha por emanciparse de esa mierda, la muerte de Lucía Pérez o Dora Gálvez, las muertes por  degüello, empalamiento, o disparos, no sólo significan la muerte de seres oprimidos y explotados.

    No me siento simplemente políticamente furioso. Para mí estas muertes representan constantemente la muerte simbólica de mi madre. Porque tal como ella me lo enseñó, una madre, esa persona a la que amas por encima de cualquiera, antes de ser madre, es una mujer…

Por favor, dejen de matar a mi mamá.

#NiUnaMenos

Anuncios

2 comentarios en “25N: Por favor, dejen de matar a mi mamá

  1. Camila dijo:

    Primero que todo felicidades, me alegro mucho de ver como eres ahora, de acordarme como eras con trece añitos.
    Y segundo, felicitarte por este post y tan bonito dedicado a tu mami y a todas las mujeres del mundo.
    Saludos desde España.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s